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Dietmar Offenhuber: Smart Cities / Sensable Cities

Published on May 19, 2012 by in Uncategorized

In this video, Dietmar Offenhuber  addresses the transformation of the concept of “intelligent city” to “senseable city” from his experience as a researcher at the Senseable City Lab in The Massachusetts Institute of Technology (MIT). He also explains how art has influenced scientific research and how artists experiment with new ways of approaching to reality while they actively gets involved in transforming it. Finally, he addresses the relationship between designers and users of new technologies, and emphasizes the role of data visualization as a catalyst for information processes.

Language: English

 

 
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Dietmar offenhuber: Smart Cities / Senseable Cities

Dietmar Offenhuber aborda en este vídeo la transformación del concepto de “ciudad inteligente” hacia el de “ciudad sensible” a partir de su experiencia actual como investigador en el Senseable City Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). También explica cómo la investigación artística ha influido en otras disciplinas más científicas y cómo los artistas experimentan con nuevas formas de acercarse a la realidad a la vez que se implican activamente en transformarla. Finalmente, aborda la relación entre diseñadores y usuarios de nuevas tecnologías, y subraya la función como catalizador de información de la visualización de datos.

Idioma: Inglés

 
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Imagining what a Smart City minds

Published on May 18, 2012 by in Uncategorized

The dream and the promise of the Smart City has left the labs to become a new front of the information technology, which now sets its sights on reinventing the urban environment. Its starting point is that our cities are managed by outdated mechanisms unable to resolve their problems and need a deep review. This review is an opportunity to create a huge industry.

If large ICT companies such as IBM, Siemens and Cisco get their way, the paradigm on which imagine our cities in the XXI century will revolve around a series of visions of an urban landscape harmoniously efficient of precise technologies that enhance citizen’s life. For policy makers, in the post-crisis landscape, unaffordable large urban operations and infrastructure will lose relevance, while new intelligent management mechanisms promise to renew the city and attack many of their problems without touching the physical layer.

The opportunity of the Smart City rises as the systems that govern the city is constantly computerized and generate Information to be integrated into tools of analysis in order to make decisions in almost real time. In Rio de Janeiro, IBM has developed one of the most ambitious urban management command centers  that have ever arisen. Rio’s operation center is a large situation room that, similar to NASA mission control center, offers real time data of the different systems that govern the city. This integrates, from 400 cameras on the street and a wide network of sensors, 32 municipal agencies to exchange information in order to solve urgent crises such as a power outage, an endless rain or a traffic jam, taking decisions instantly. The Operations Center is presented as a dream for any mayor: a “control panel” to shape the city.

However, not all digital urban planners or city technologies designers are quite excited about the vertical model, hierarchical and almost panoptic kind of example that represent Rio de Janeiro. In front of a city ruled from the top in the name of efficiency (as though efficiency were a neutral value without political dimension, which does not involve taking decisions in favor of someone’s or against others), others claim that the only smart city is the one that relies on the intelligence of its citizens. These are now more capable than ever to recollect this intelligence to intervene in the management of the city. Open platform hardware such as Pachube, are allowing citizens communities  to create personal stations for measuring air pollution in parallel to municipal’s. In Japan, a week after the the Fukushima crisis, SafeCast project was created, a network of citizens armed with devices to measure radiation levels from street to street and house to house, providing the information the official channels could not.

Debates about what kind of city we want, which faced the titanic figures of Robert Moses and Jane Jacobs in New York of the sixties, are reincarnated in the discussion about what kind of relationship we want between municipal managers, citizens, and computerized  mediations that arise in the area of ​​friction between asphalt and bit. It will be, without doubt, an exciting conflict.

José Luis de Vicente

 
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Imaginando qué significa una Ciudad Inteligente

El sueño y la promesa de la Smart City ha dejado los laboratorios para convertirse en un nuevo frente para las tecnologías de la información, que pone sus ojos ahora en la reinvención del medio urbano. Su punto de partida es que nuestras ciudades se gestionan por mecanismos obsoletos incapaces de resolver sus problemas, necesitados de una revisión profunda. Esta revisión es una oportunidad para crear una industria inmensa.

Si grandes empresas del sector TIC como IBM, Siemens o Cisco, se salen con la suya, el paradigma sobre el que imaginaremos nuestras ciudades en el siglo XXI girará alrededor de una serie de visiones de un paisaje urbano armoniosamente eficiente, de tecnologías precisas que mejoran la vida del ciudadano. Para los gestores políticos, en el paisaje después de la crisis las grandes operaciones urbanísticas y de infraestructuras perderán relevancia, por inasumibles, mientras que los nuevos mecanismos de gestión inteligente prometen renovar la ciudad y atacar muchos de sus problemas sin tocar su capa física.

La oportunidad de la Smart City surge a medida que los sistemas que rigen la ciudad se informatizan y generan constantemente Información, para integrarse en herramientas de análisis que permitan tomar decisiones casi en tiempo real. En Río de Janeiro, IBM ha desarrollado uno de los centros de mando para la gestión urbana más ambiciosos que se hayan planteado. El Centro de Operaciones de Río es una gran sala de situación que, a imagen y semejanza del Control de Misión de la NASA, ofrece información en tiempo real del estado de los distintos sistemas que gobiernan la ciudad. A partir de 400 cámaras en la calle y de una amplia red de sensores, integra a 32 agencias municipales para intercambiar información que permita resolver crisis urgentes tomando decisiones al instante; desde un corte de electricidad, un aguacero o un atasco interminable. El Centro de Operaciones se presenta como el sueño de cualquier alcalde: un “panel de control” desde el que configurar la ciudad.

Sin embargo, no todos los urbanistas digitales o desarrolladores de tecnologías para la ciudad están entusiasmados con el modelo vertical, jerárquico y casi panóptico que representan ejemplos como el de Río de Janeiro. Frente a una ciudad gobernada desde arriba en nombre de la eficiencia (como si la eficiencia fuese un valor neutro sin dimensión política, que no implica tomar decisiones en favor de unos y en perjuicio de otros), otros proclaman que la única ciudad inteligente es la que confía en la inteligencia de sus ciudadanos.  Estos tienen hoy más capacidad que nunca para recoger esta inteligencia y agregarla para intervenir en la gestión de la ciudad. Plataformas abiertas de hardware, como Pachube, están permitiendo a comunidades de ciudadanos crear estaciones para la medición de la polución atmosférica paralelas a las municipales. En Japón, una semana después del accidente de la Central de Fukushima se creó el proyecto Safecast, una red de ciudadanos armados de dispositivos para medir los niveles de radiación calle a calle y casa a casa, para facilitar los datos que los canales oficiales no podían proporcionar.

Los debates sobre qué clase de ciudad queremos, que enfrentaron a las titánicas figuras de Robert Moses y Jane Jacobs en el Nueva York de los años sesenta, se están reencarnando en la discusión sobre qué clase de relación queremos entre los gestores municipales, los ciudadanos, y las mediaciones informatizadas que surgen en el espacio de fricción entre el asfalto y el bit. Será, sin duda, un conflicto apasionante.
José Luis de Vicente
 
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Poniendo emoción al Open Data

Published on May 9, 2012 by in Sin categorizar

Open Data es un tema candente. Casi todo el mundo parece de acuerdo en que hacer que los datos locales estén disponibles para el público tiene mucho sentido. Sin duda, los ciudadanos se benefician de la creciente transparencia de los procesos en su ciudad, pero la publicación de estos datos también plantea algunas preguntas que resultan incómodas para las empresas privadas que  reúnen todos los datos individuales y los usan sin nuestro permiso expreso.

Una de las preguntas clave es quién debe poseer los datos que producimos como ciudadanos e individuos: los organismos que recopilan los datos que se generan a través de nuestro uso de sus sistemas y servicios, o nosotros mismos, los productores de datos,. ¿No deberían los bancos, compañías telefónicas, servicios de tarjetas de crédito, médicos, tiendas, proveedores de red, los minoristas de Internet, motores de búsqueda, proporcionarnos al menos transparencia sobre lo que realmente hacen con los datos, dándonos así la oportunidad de decidir si queremos usar sus servicios en esas condiciones o no? ¿No deberían darnos acceso a los datos producidos por nosotros, para que podamos monitorizarnos mejor a nosotros mismos y tal vez mejorar nuestros propios sistemas de registro y simplificar nuestras declaraciones de impuestos, por ejemplo?

Al mismo tiempo, estamos sufriendo ya tal sobrecarga de información que tal vez sólo una minoría de la gente realmente accedería a ‘sus’ datos y haría uso de ellos. Lo mismo se aplica a los datos públicos, que ya son accesibles.  ¿Quién sino los que están familiarizados con los datos están mejorando los conjuntos de datos públicos que están disponibles e incluso hacen uso de ellos? Aquí es donde la visualización de datos puede ayudar.

La visualización de datos es un medio que hace hincapié en aspectos específicos de unos determinados datos y ofrece una lectura particular de los mismos. De este modo, se convierte en una poderosa herramienta de comunicación, que incluso puede crear una nueva realidad. Numerosos grupos como WE LOVE OPEN DATA y otras personas en todo el mundo han comenzado a visualizar datos en beneficio del interés público, impulsados por su propia curiosidad y espíritu filantrópico.

Traducir filas de datos en mapas fáciles de leer o diagramas explicativos es una manera de cerrar la brecha entre los números “a palo seco” y el público en general. Pero ¿por qué no ir un paso más allá y traducir los datos en una experiencia aún más sensorial con la que todos estemos familiarizados, como la comida? Esta es la idea básica del Taller de Cocina Open Data. Las personas a las que les gusta cocinar (y comer) se les da la oportunidad de explorar tanto la gastronomía local, como los datos locales, mediante la traducción de datos en recetas y platos. Además de parecer divertida, esta investigación conjunta se supone que debe dar a la gente ideas concretas sobre la calidad y diversidad de los datos disponibles a nivel local y les enseña los principios de representación de datos. A través de una actividad personal, emocional y sensorial como es cocinar, se ven involucrados con el material, ya sean verduras o números.

Después de todo, parece que uno de los retos del movimiento Open Data -después de la apertura de datos relevantes con los que los ciudadanos puedan relacionarse de una manera personal- es darle a la gente herramientas, métodos y medios que les permitan interpretar, individualizar y expresar los datos de una manera emocional.

Susanne Jaschko

 
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